LA SEXUALIZACIÓN DE LA JUVENTUD

La sexualización de la juventud – Aprendiendo un guión social a través de la pornografía y el aumento de nuevas patologías sexuales y reproductivas

La industria pornográfica es un negocio lucrativo con un beneficio anual en el 2016 alrededor de 25 billones de dólares y maneja el 30% de todo el tráfico virtual a nivel global  (Brown, 2016).

¿Cuál es el impacto real en la percepción del sexo por parte de la juventud en una sociedad cambiante, como la nuestra, en la que el porno es de tan fácil acceso?

“La exposición de las personas más jóvenes a la pornografía ha aumentado en los últimos años. En consonancia, también ha ganado peso la naturaleza violenta y sexista del porno en su comportamiento. La gente joven está expuesta a un tipo violento de pornografía, incluso aunque no les guste. Ya no se trata tanto de saber si serán expuestos, sino de cuándo” (Shelley Walker y otros, 2016).

Una encuesta dirigida a niños y niñas entre 11 y 18 años, llevada a cabo por la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad hacia los Niños (NSPCC por sus siglas en inglés), y comisionada por The Telegraph en el año 2013, concluyó que casi un tercio de los encuestados creen que la pornografía marca las pautas a la hora de comportarse en una relación. “Las chicas creen que tienen que parecerse y actuar como estrellas porno para poder gustar a los chicos”, revela el estudio de NSPCC.

Ese mismo año, expertos de ChildLine registraron, en sólo 12 meses, un aumento del 70% en las llamadas de chicos que querían hablar y recibir información sobre la pornografía y, específicamente, respecto a la confusión y el sentimiento de culpa que su consumo les hacía sentir. Sólo el año pasado, 50 chicas llamaron todos los días al servicio por la presión a la que se veían sometidas con respecto a tener relaciones sexuales (Emma Barnett 2014).

Un estudio Europeo presentado por N Stanley et al. (2016) afirma que el consumo de pornografía en internet está vinculado al aumento significativo en el envío de imágenes y mensajes de textos sexualizados, denominados “sexting”. Esta práctica social normalizada reproduce rasgos sexistas de la pornografía, como el control y la humillación. Además, los chicos que ven regularmente pornografía en internet son más propensos a tener actitudes de género negativas.

El proceso de crecimiento está determinado por la observación, la imitación y la adaptación al entorno, por lo que los jóvenes desarrollan comportamientos acordes a los así llamados ‘guiones sociales’ (del inglés “social script”).

El porno transmite guiones sociales que se adquieren a través de la observación de los demás, así como a través del consumo de los medios de comunicación. Los jóvenes observan, copian y acaban desarrollando estos comportamientos de acuerdo con el guión. La exposición al porno configura las expectativas e influye en la manera en que la gente se relaciona y percibe el placer, la intimidad, la sexualidad y la integridad corporal. Los estudios han demostrado que la exposición frecuente a la pornografía ha llevado a que las dinámicas del porno se perciban como realistas y útiles, y que estas percepciones contribuyen a generar una actitud más instrumental hacia el sexo. Es decir, una percepción del sexo como una experiencia eminentemente física, sin ninguna dimensión afectuosa y relacional. (N Stanley et al., 2016)

El porno presenta un contexto cultural y un estándar que se ve reforzado.Hoy por hoy, el porno juega un rol determinante en el desarrollo de valores interpersonales: por ejemplo, el doble rasero según el cual las mujeres que mantienen relaciones sexuales son unas ‘putas’ mientras que a los hombres se les premia por ello. O la noción, profundamente arraigada, de que los cuerpos de las chicas y las mujeres jóvenes son, de alguna forma, la propiedad de chicos y hombres, que compiten y rivalizan entre sí por su conquista. (Ringrose, 2012)

Maree Crabbe, productora de The Porn Factor, afirma: “No tiene nada que ver con el sexo, pero comunica muchas cosas sobre él, y sobre el placer, principalmente que a las mujeres les gusta ser tratadas así.”

Especialmente, el auge de la pornografía gonzo emplaza a jóvenes y adultos a ser violentos, a actuar de manera ruda, a ahogar, asfixiar y azotar a las mujeres y, en general, a comportarse de manera agresiva, controlando, humillando, degradando y dominando a las mujeres.

La pornografía gonzo se ha descrito como un “comportamiento sexual en el que el actor masculino viola, o aparece hacienda daño, a la actriz, representando un acto sexual en el que ninguna mujer querría participar” (David Rosen (2913), simbolizando y reforzando la violencia que las mujeres enfrentan cotidianamente en múltiples ámbitos, no sólo el sexual.

Las mujeres aprenden a jugar el papel que les toca, consintiendo prácticas sexuales altamente abusivas que aparecen normalizadas, como el sexo anal u oral forzado, la eyaculación en la cara, etc. El porno promueve una actitud con respecto al sexo en el que lo normal es la visión del cuerpo como un instrumento que ha de ser usado para obtener un determinado tipo de placer – que deriva del abuso –, y en el que las mujeres son un bien que, cuando llega el momento del sexo, deben utilizarse, ya que ellas mismas no tienen un valor por sí mismas que les podría transmitir lo que quieren.

El consumo de porno es para muchos adolescentes una manera de lidiar con emociones y la falta de conexión, intimidad y la incapacidad de expresar sus sentimientos.

De manera similar al alcohol y otras drogas, el sexo se usa como una herramienta para quitar el estrés y el agobio, ya que proporciona una sensación temporal de euforia que entumece todo tipo de sentimiento doloroso.

Es un círculo vicioso que desciende en espiral hacia la trágica epidemia de adicción al porno, que redunda en una incapacidad total para establecer relaciones amorosas y respetuosas con uno mismo y con los demás – además de haberse probado que causa serios problemas de salud. Sólo hay que mirar a las nuevas patologías sexuales y reproductivas que se añaden a la lista formada por las ya existentes tales como ITSs, el VIH, el embarazo adolescente, etc.:

  • Desarrollo de dolor crónico y dolor al prácticar sexo en mujeres jóvenes, debido a prácticas sexuales abusivas y violentas.
  • Heridas medianamente graves en el área genital debido a prácticas sexuales violentas y abusivas. ‘Splitting’, ‘Sexo que emula una violación’, etc.
  • Abuso sexual y violencia de género consentida. La auto-objetivación lleva a las mujeres a consentir prácticas dañinas y violentas, un fenómeno que es masivo en un mundo donde las mujeres no se tienen aprecio ni valor y, por tanto, no tienen conciencia del abuso vivido. Qué significa el consenso en un mundo en el que las mujeres se convierten en objetos sexuales?
  • Vergüenza del propio cuerpo e imágenes corporales negativas. Perseguir el ideal del cuerpo femenino que se vende en la imaginería sexual y pornográfica produce, especialmente en chicas jóvenes, muchos trastornos psicológicos y físicos. Se crea expectativas falsas sobre la apariencia ‘normal’ (verse muy delgada, tener pechos grandes, ser musculoso, etc.) y los comportamientos ‘normales’ (mirar porno, sexo oral, dejarse tocar, enviar imágenes de partes intimas, etc.). Por ejemplo, las adolescentes que están influenciadas por el porno tienen una idea formada en torno a la apariencia física de su zona púbica. Susan Scutti (2016).
  • Complicaciones derivadas de cirugía plástica (reducción de los labios menores, aumento de pecho, etc.), que causan dolor crónico debido a daños en los nervios o pérdida de sensibilidad.
  • Adicción al porno, especialmente en hombres jóvenes, que tiene implicaciones para la salud como disfunción eréctil, ansiedad, depresión, sensación de soledad e incapacidad para relacionarse con otros, lo que produce aislamiento y trastornos físicos y psicológicos a posterior.
  • Las consecuencias sociales y psicológicas del sexting, que es coercitivo y está a menudo vinculado al acoso, al bullying o a la violencia. El sexting se ha convertido en una práctica tan normalizada, y la auto-objetivación de las chicas llega hasta tal extremo, que a veces son ellas las que inician el sexting sin recibir ningún tipo de presión por parte del chico.
  • Amenazas de compañeros. Para la gente joven, la principal amenaza relacionada con la tecnología no es la que proviene de extraños, si no la presión sexual por parte de sus compañeros. Esto supone un gran desafío a las estrategias de sensibilización en colegios, pues una misma clase puede contener tanto a víctimas como a abusadores y cómplices simultáneamente. Ringrose et al (2012)
  • Adicción general a internet, especialmente a videojuegos violentos y sexistas, donde las mujeres son humilladas, degradadas y asesinadas, supuestamente, por placer como por ejemplo en Grand Theft Auto V, (Rodenberg, 2013)

La normalización de la violencia (incluyendo bullying, ciberbullying, control y violencia psicológica y sexual) en relaciones íntimas se está convirtiendo en la norma. En última instancia, está vinculado a la falta de respeto hacia el propio cuerpo, que queda convertido en un recipiente a utilizar.

Al abrir la conversación con mujeres y hombres jóvenes se evidencia que todos quieren tener esta conversación y que se sienten muy solos.

Los hombres jóvenes mencionan tener una adicción, y sentirse deprimidos y perdidos, mientras que las mujeres comparten en el documental Porn Factor’ de Maree Crabbe que, pese a que les incomoda hacer ciertas cosas que no les proporcionan placer y que, a veces, les produce dolor, quieren siempre complacer a su pareja y se someten a las prácticas sexuales normalizadas por el porno: “cuando amas a alguien, solo quieres hacer feliz y tienes que fingir que te gusta. Les damos falsas ideas sobre lo que nos parece placentero”. No existe comunicación entre ellos, solo un seguimiento silencioso del guión social dictado.

Por lo tanto, cuando consideramos la educación sexual en la escuela, entendemos de verdad la naturaleza, la forma, la frecuencia y las dinámicas de la violencia sexual a la que están expuestos las y los jóvenes, y en la que han empezado a vivir lo/as uno/as con lo/as otro/as?

 

Rachel Andras

El artículo original fue publicado en inglés en Unimedliving.com

The sexualisation of the young – learning a Social Script through pornography and the rise of new sexual and reproductive health issues

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