Transversalizando el porno – ¿Quién educa realmente a nuestr@s hij@s?

Una de las fuentes de socialización y educación más importantes en nuestra juventud son los medios de comunicación y sus contenidos. Internet es un enorme espacio virtual donde podemos consumir cualquier producto o servicio, desde la visualización de películas y escuchar música hasta jugar a videojuegos en red y consumir publicidad de todo tipo.

La palabra ‘porno’ es la más tecleada en los buscadores de Internet, que presenta un acceso excesivamente sencillo a contenido pornográfico, ofreciendo al consumidor los beneficios del anonimato y la discreción.

Numerosos estudios han señalado el potencial daño de la pornografía en Internet. Así, un alto porcentaje del alumnado en el ámbito escolar reconocen que la pornografía educa y socializa en cómo las chicas y los chicos se relacionan y comportan entre sí y con sus propios cuerpos, normalizando el abuso y afectando a la autoestima.

Mi hija vio sus primeras imágenes pornográficas en Internet cuando tenía cuatro años, después de escribir un inocente ‘juegos de chicas’ en el buscador de Google. No hizo falta que escribiera la palabra ‘porno’. Terminó en un sitio web donde aparecían toda una serie de pechos y nalgas desnudas a lo largo y ancho de la pantalla. Ella no lo buscó y, sin embargo, se le ofreció.

En un documental sobre el impacto del porno en la juventud se afirma que los jóvenes empiezan a ver porno a los diez años. Palabras como ‘anal’, ‘nugget’ o ‘blowjob’, y sus traducciones correspondientes, son ya parte del vocabulario cotidiano de niños de 11 años en todo el mundo. Al principio se sienten irritados y molestados, pero después de una exposición continua se van sumergiendo cada vez más en las profundidades de la industria, buscando y encontrando imágenes cada vez más extremas.

En la era de la socialización mediática y las redes sociales, el consumo de pornografía en Internet es sólo uno de los aspectos con los que la juventud debe lidiar. Pero deberíamos preguntarnos,

  • ¿Por qué la pornografía se ha convertido en una influencia cotidiana y convencional en nuestras vidas?
  • ¿Por qué hemos permitido que la pornografía esté tan accesible y que sea tan normal consumirla?
  • ¿Qué impacto tiene en chicos y chicas jóvenes y en su capacidad para desarrollar relaciones de cariño y respeto consigo mismos y con los demás?

Lo cual nos lleva a preguntarnos, ¿quién está educando en realidad a nuestros hijos e nuestras hijas?

Si echamos la mirada hacia atrás, veremos que en la década de los sesenta y setenta las revistas pornográficas, como Playboy o Penthouse, vendían una imagen de ‘liberalismo’ sobre la pornografía a hombres de clase media y trabajadores progresistas y de mente abierta. Desde entonces, la pornografía ha encontrado la manera de estar presente en cada recoveco de la sociedad.

Las fotografías e imágenes de contenido sexual, que antaño ocultaban las discretas bolsas de papel marrón que servían para salvaguardar el anonimato y la intimidad de los compradores de dichas revistas, hoy las encontramos fácilmente en videoclips, letras de canciones, series de televisión y publicidad.

Podría decirse que la normalización de la pornografía se dio de forma gradual, pero deliberada: invadiendo el espacio con imágenes sexualizadas y asegurándose de que las personas se acostumbraran a su presencia en todas partes.

Este proceso de normalización es un paso esencial para la industria pornográfica si el sexo es el ingrediente adictivo que se le añade a cada producto que se vende. Desde videos musicales a muñecas y juguetes, ‘el sexo vende’, y hay mucho dinero que extraer de él.

La pornografía es un producto con un alto índice de ganancia. Sin embargo, ¿tomamos en cuenta el interés financiero que hay detrás del consumo de la pornografía y de establecer ésta cómo parte de nuestra vida cotidiana? Los programas de televisión dirigidos a jóvenes y adultos, incluyendo la masiva industria musical, dirigen sus contenidos hipersexualizados a la juventud generación tras generación y, con ello, influyen en su desarrollo.

La sociedad industrializada moderna objetiviza de forma crónica y generalizada el cuerpo femenino. Hay buena evidencia de que las jóvenes expuestas a imágenes objetificadoras a lo largo del tiempo comienzan a verse como inferiores, perdiendo su autoestima y viéndose más y más como objetos sexuales.

La auto-objetivación nace cuando perdemos la conexión con nuestro cuerpo aceptando una imagen impuesta por los medios, dando como resultado una evaluación constante de la propia apariencia física. Al mismo tiempo, los niños y los jóvenes que están constantemente expuestos a imágenes objetivadoras de las mujeres, desarrollan una idea del cuerpo femenino como una mercancía tanto para usar como abusar.

Varios estudios muestran el vínculo entre la representación de las mujeres como objetos y la fusión entre sexo y violencia.

El consumo de pornografía desde una edad temprana, con la mezcla de violencia y sexo abusivo, dibuja un determinado tipo de sexualidad en la que dicho sexo abusivo y violento se convierte en una práctica social y una elección de estilo de vida.

Si nos fijamos, en particular, en las mujeres estrellas del pop actuales, que son y se consideran a si mismas como modelos para la cultura juvenil, parece que la supuesta libertad de expresión de hoy ha alcanzado un nivel extremo, normalizando el abuso y la objetivación sexual del cuerpo femenino – siempre y cuando la mujer lo haga por y para si misma!

Se ha convertido todo en cómo involucrarse en situaciones sexualmente cargadas y, como señaló Annie Lennox, en cómo ‘ser el chulo y la prostituta’ al mismo tiempo? Esta ‘forma glorificada y monetizada de auto-abuso’ se justifica por el reconocimiento de los medios en términos de los éxitos de YouTube y el dinero que se gana con él.

Basta con comparar la música de los años cincuenta con la de hoy en día para ver hasta qué punto las y los jóvenes son explotados por la industria musical de una manera que los convierte en ‘carne’ a la venta.

El impacto de los medios de masas en la educación de toda la población y, específicamente, de la juventud, es muy poderoso. Tiene la capacidad de crear un punto de referencia, un estándar que, con el tiempo, se considera lo normal en una sociedad.

¿Qué elegiremos? ¿Vamos a adaptarnos a un mundo en el que las mujeres están encasilladas como objetos sexuales y las estrellas musicales tienen que parecer, más bien, estrellas del porno?

¿Te acuerdas de los cigarrillos de chocolate o de caramelo que comprábamos cuando éramos jóvenes, jugando a ser adultos? En efecto, nos preparó para ser los fumadores del futuro.

Los vídeos, las revistas, y los medios de comunicación de hoy en día son el mismo tipo de ‘caramelo’– pornografía embalada para niños y niñas y vendida como un sueño de Disneylandia que se ha desviado totalmente.

¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí sin haber dado la voz de alarma en algún momento del camino?

Si reconocemos el gran poder e influencia que tienen los medios podemos hacernos cargo de ello, tomar las decisiones y llevar a cabo los cambios necesarios. Si permitimos que el porno, la violencia sexual y el abuso sean parte de nuestro día a día, ¿qué tipo de vida estamos transmitiendo a nuestros niños y nuestras niñas? ¿Y quién está educando realmente a nuestros hijos y nuestras hijas?

Rachel Andras

El artículo original fue publicado en inglés en  Unimedliving.com

Mainstreaming Porn – Who is truly educating our kids?

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