PORNO EN EL INTERNET – EL ÚLTIMO EDUCADOR PARA NORMALIZAR EL ABUSO Y LA VIOLENCIA EN LAS RELACIONES

Porno en el Internet – el último educador para normalizar el abuso y la violencia en las relaciones

¿Cómo aprendemos actualmente sobre sexo, sexualidad y relaciones? Hoy por hoy, la herramienta más dominante que están utilizando las y los jóvenes y adultos para aprender sobre esos temas es internet.

El porno, específicamente aquel que se encuentra en Internet, ha ‘secuestrado’ o, más bien, se ha apropiado de nuestra relación con la sexualidad y ha transformado la intimidad, el amor y la conexión en un acto funcional de dominación y abuso.

La educación sexual debería ser fundamental para el desarrollo de la intimidad y las relaciones amorosas, y apreciar y entender nuestro cuerpo. Pero la realidad es que miles de hombres y mujeres jóvenes están enganchados en el consumo diario de pornografía que constantemente relata el abuso y la violencia, retratando y consecuentemente, degradando la manera de ver nuestros cuerpos.

Se ha demostrado que el bombardeo y el flujo constante de pornografía causa serios trastornos para la salud, como ansiedad, depresión y conductas abusivas.

Esta forma insidiosa de educación sexual cambia nuestra forma de ver y expresar la sexualidad, rebajándonos tanto a hombres como a mujeres a la condición de objetos sobre-sexualizados y convirtiéndonos en recipientes de actividad sexual y liberación física, en lugar de fomentar la conexión amorosa y respetuosa entre dos personas.

Un creciente número de estudios están revelando el alcance de este fenómeno, y numerosas investigaciones médicas demuestran que la adicción al porno puede rastrearse en el cerebro, donde las respuestas registradas son las mismas que en la adicción a las drogas o al alcohol.

Estos estudios ponen de relieve la sexualización brutal de las y los adolescentes, la falta de una orientación pertinente y la preocupación que padres, madres y profesorado presentan acerca de cómo las niñas y los niños lidian con la sobrecarga de imágenes sexuales.

En los últimos años ha habido un llamamiento generalizado a la modernización y actualización de la educación sexual en las escuelas mediante campañas que resaltan la presión a la que se ven sometidos niños y niñas en relación con la práctica de conductas sexuales inapropiadas. Mientras tanto, muchos hombres y mujeres jóvenes están ya en tratamiento ya sea por adicción al porno o como víctimas de algún tipo de abuso. Las y los jóvenes que se comportan de acuerdo a lo que perciben en la pornografía piensan que esas es la manera en la que se viven el amor, las relaciones y la sexualidad. El abuso que se comete y que se sufre, plasmado en el sexo como violación, se percibe como algo normal y consensuado.

Los límites se han difuminado, y en consecuencia, no se puede aplicar un perfil claro de victima-perpetrador.

Actualmente, hay mucha preocupación por el tema, y con razón. La gran pregunta que todos plantean es:

¿Cómo ayudamos a las y los jóvenes a lidiar con esta sobrecarga de imágenes sexuales y la adicción a la pornografía  y sus múltiples consecuencias?

Y a raíz de esto, nos hemos preguntado seriamente

¿En qué tipo de sociedad vivimos? ¿Una sociedad que respalda la visión violenta y degradante de los cuerpos de mujeres y hombres y lo presenta de esa forma en un lugar tan prominente y generalizado como son las pantallas y los medios de comunicación?

¿Y luego, como se puede esperar que nuestra generación joven no adopte estas ideas y referencias?

¿Nos resistimos a admitir el hecho de que vivimos en una sociedad que anima a hombres y mujeres a desvalorizarse a sí mismos y entre sí, cuya idea del sexo ‘normal’ es una versión pobre y perniciosa del mismo?

Mientras nos preguntamos en qué clase de sociedad vivimos hoy, depende exclusivamente de nosotros, como individuos, darle forma. ¿Quién la está moldeando por nosotros?

¿Por qué promovemos el sexo únicamente como un bien de consumo al que uno accede para liberarse? El sexo se ha convertido en una mercancía.

Tendemos a pensar que la sexualidad es algo que está ‘ahí fuera’ que las y los jóvenes tienen que descubrir, como si fuera algo que existiera ajeno a nosotros y nosotras, y que debe ser aprendido como quien aprende a conducir. Pero no es el caso.

El sexo es la expression física de una relación de amor con uno mismo. Es una forma de celebrar el amor que vivimos cotidianamente.

Cómo vivimos nuestra sexualidad y cómo nos identificamos como hombres o mujeres es el resultado de nuestra forma de amar y vivir en nuestra vida. Cada uno de nosotros determina de forma activa qué significa intimidad, amor y conexión. Por lo tanto, el consumo de porno en internet se ha convertido en parte de una realidad que aprendemos a través de nuestros procesos de socialización.

Buscamos soluciones para lidiar con las consecuencias- invertimos en el tratamiento individual, en las reformas escolares que modernizan la educación sexual-, se nos da bien culpar al individuo por no saber lidiar con la arremetida o no ser capaz de mantenerse alejado de la fuente que provoca el daño, pero evitamos fijarnos en la raíz del problema.

La normalización y la proliferación de pornografía en internet marca una serie de pautas y normas que minan la elección natural con respecto a nuestras relaciones, nuestra intimidad y la expresión de nuestra sexualidad.

¿Vamos a seguir dejando la educación sexual en manos de internet? ¿Realmente queremos que la industria del porno marque las pautas y las normas para nuestra sociedad y nuestros hijos e nuestras hijas?

Las ITS, los embarazos adolescentes, la violencia sexual basada en el género y las nuevas formas de patologías sexuales, como el dolor crónico que sufren mujeres jóvenes, los problemas psicológicos derivados del sexo mostrado en el porno, o la disfunción eréctil de los hombres adictos a la pornografía, son todos ellos síntomas de la ‘enfermedad’ que hemos establecido como lo normativo en nuestra sociedad. Tenemos que dejar de ‘tratar el cáncer con tiritas’, tratando los problemas mencionados de forma aislada e independiente, y abordar el problema de raíz.

La juventud se ha convertido en el preocupante y alarmante reflejo de la sociedad en la que vivimos. Aquellos síntomas son el resultado de una forma de relacionarse los unos con los otros que está caracterizada por la violencia y el abuso en sus múltiples manifestaciones, y que se vive como un estándar normativo que oculta su verdadera naturaleza perjudicial.

Lo que se nos vende como liberación sexual se basa, realmente, en unas dinámicas de fuerza y opresión que encasilla a hombres y a mujeres en estereotipos profundamente arraigados en un comportamiento sexual altamente abusivo.

¿Qué diferencia hay si un niño de 12, de 25 o de 52 años de edad ve pornografía cuando se trata de una práctica aceptada en nuestra sociedad y aquí es donde se dirige transformándose en adulto?

 

Referencias:

  • Teenagers and online porn: Let’s tackle it all – birds, bees, love and ‘slags’.
    https://www.telegraph.co.uk/women/sex/better-sex-education/10283716/Teenagers-and-online-porn-Lets-tackle-it-all-birds-bees-love-and-slags.html
  • Educating on the harmful effects of pornography.
    https://www.fightthenewdrug.org/Get-The-Facts/
  • Pornography addiction leads to same brain activity as alcoholism or drug abuse, study shows.
    https://www.independent.co.uk/life-style/health-and-families/health-news/pornography-addiction-leads-to-same-brain-activity-as-alcoholism-or-drug-abuse-study-shows-8832708.html
  • Teenage boys addicted to ‘extreme’ porn and want help. Exclusive: Young boys are becoming so addicted to extreme internet porn that they now want help to stop watching it, according to a new study.
    https://www.telegraph.co.uk/women/sex/better-sex-education/10339424/Teenage-boys-addicted-to-extreme-porn-and-want-help.html

 

 

Rachel Andras

El artículo original fue publicado en inglés en Unimedliving.com

Internet porn – the ultimate educator for normalising abuse and violence in our relationships

 

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